Hay opositores que no están contentos con su academia, pero siguen allí. No porque confíen plenamente en el método, sino porque tienen miedo a cambiar.
Al principio todo parecía razonable. Una academia conocida, muchos alumnos, clases, temarios, promesas. Pero pasan los meses y empieza la duda: no avanzas como esperabas, las clases no se ajustan a ti, los materiales se acumulan, haces cosas todo el tiempo pero no tienes claro si estás mejor preparado.
Y aun así sigues. Porque piensas que cambiar sería perder lo ya estudiado. Porque crees que tendrías que empezar desde cero. Porque te han hecho sentir que solo ellos tienen la llave de tu oposición.
Pero una oposición no pertenece a ninguna academia. El procedimiento administrativo, el Estatuto de Autonomía, la función pública o los presupuestos no son conocimientos secretos. La diferencia no está en tener muchos documentos, sino en saber qué hacer con ellos.
El opositor secuestrado no está atrapado por un contrato. Está atrapado por el miedo. Por la sensación de que, aunque algo no funcione, es demasiado tarde para moverse.
Pero cambiar no tiene por qué ser una ruptura. Puede ser una forma de recuperar el control. Lo estudiado no se pierde: se ordena, se revisa y se aprovecha.
A veces, la decisión que más miedo da es justo la que vuelve a poner tu oposición en marcha.